La definición parlamentaria de Morena


Antes de cumplir una semana como fuerza parlamentaria de mayoría, las bancadas de Morena y sus aliados en las cámaras de diputados y senadores, reflejaron el desajuste y la confusión entre el deber ser frente al hacer necesario; entre la individual independencia legislativa y la exigencia de bancada; entre las aspiraciones tantas veces frustradas de ser oposición y el momento de ser una mayoría que acompaña al futuro titular del Poder Ejecutivo en su proceso de transición.

Se trata de una crisis de identidad que podría agudizarse como consecuencia del pragmatismo que se perfiló desde el momento de constituir la coalición “Juntos Haremos Historia”; fue anticipada también al conocerse el perfil de quienes asumieron las candidaturas y, a la postre, en la forma en que, sea por condición propia o por el arrastre de López Obrador en las preferencias, quedó integrada la representación legislativa.

Son dos episodios en un período de poco más de 24 horas. El primero ocurrió el lunes, cuando Porfirio Muñoz Ledo, que preside la mesa directiva de la Cámara de Diputados, y Martí Batres Guadarrama, que ostenta la posición equivalente en el Senado, acudieron al mensaje con motivo del Sexto Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto.

Dicha asistencia fue, en sentido estricto, un acto de cordialidad política en medio de la hasta ahora tersa transición que, con todo y las diferencias, ha dejado constancia de las deferencias del mandatario en funciones respecto al electo.

Forma y fondo. Además de los gestos de cortesía –como recibir a López Obrador en Palacio Nacional y no en Los Pinos, por ejemplo– Peña Nieto incluyó a su equipo en procesos relevantes aun antes de la transición, como la negociación del tratado comercial con Estados Unidos, y dejó en sus manos decisiones que pudo tomar él, como la aprobación de fiscales general, anticorrupción y electoral. Nada más natural que los líderes parlamentarios acudieran al mensaje en ese contexto de cortesías.

Del otro lado, el punto de Gerardo Fernández Noroña fue que el mensaje no era un Informe en sentido estricto y acudir era legitimar a uno de los peores gobiernos de la historia reciente. Tenía razón. El acto del 3 de septiembre equivale a una reedición del antiguo besamanos, la celebración a modo para la apoteosis de un presidente descalificado, sin validez jurídica ni robustecimiento republicano.

Fernández Noroña fue congruente al asistir a Palacio y luego, al reclamar a Muñoz Ledo por su corrección política. La incorrección se dio en la Cámara, con el desencuentro ramplón que protagonizaron esos dos experimentados parlamentarios curtidos en la oposición.

En el Senado la crisis implicó a toda la bancada y su coordinador parlamentario. La votación inaugural puso en evidencia la crisis entre independencia en la representación popular –que votó primero conforme al deber ser– y la conveniencia de bancada –que votó conforme a pactos opacos– a través de la explícita y añeja línea, dictada desde tribuna por Ricardo Monreal quien instruyó el viraje del voto en contra de la licencia del chiapaneco Manuel Velasco, a su aprobación.

De sobra conocida es la relación del senador-gobernador Verde, con López Obrador; el apoyo del filopriista al fundador de Morena en Chiapas, manifiesto en la alianza de hecho que hubo en el pasado proceso electoral donde los velasquistas líderes del Poder Judicial local, Rutilio Escandón, y del Legislativo local, Eduardo Ramírez, son ahora gobernador electo y senador por Morena, respectivamente, entre otros. Autorizarle la maniobra, era respaldar a uno de los suyos.

Si algo marca el arranque de la LXIV Legislatura es la definición de Morena y sus aliados, PT, PES y ahora PVEM: en el papel de Monreal y en la respuesta de Muñoz Ledo a Fernández Noroña –que en mal logrado intento de apabullarlo, le recordó que ya ganaron y dejaron de ser oposición–, ambos reinauguraron el uso y la costumbre histórica de “la línea”, el voto orgánico y la complacencia ante la determinación cupular por encima del criterio individual.

Luego, en eso no habrá cambio, hasta que por origen, aspiración e intereses creados, sus representantes tan distintos entre sí, enfrenten el choque de agendas, necesidades y quizás, convicciones.

Autor: Arturo Rodríguez García/Editorial
Publicado el Miércoles 5 Septiembre 2018 / 23:00 hrs