Polémica absurda

Es un NICOLÁS corpulento (1.93, según testimonio de ADELA MICHA) cuya venida a México se asocia hoy a los fríos de diciembre, aunque nada tenga que ver con NICOLÁS de BARI, el obispo oriental que dio vida a la leyenda de SANTO CLOS.

Para ser más exactos, este otro NICO se apellida MADURO, es mal querido en su patria Venezuela y goza de triste fama en el ambiente político internacional.

Entre otras razones, por su estilo lépero de dirimir diferencias y un manejo tan desastroso de la economía que posee el récord histórico (¡a escala planetaria!) en materia de inflación: un millón por ciento anual. Hablamos, pues, de un país donde resulta más fácil pesar los billetes que contarlos, al momento de las transacciones más elementales, como la cuenta del super.


Donde además se criminaliza y persigue a la disidencia, con cárceles repletas de presos políticos, periodistas asesinados, opositores desaparecidos y millares de exiliados, unos por acoso político, otros simplemente por hambre.

Por todo ello resulta comprensible que hoy muchos mexicanos repudien públicamente la anunciada asistencia de NICOLÁS a la toma de posesión de ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, el próximo sábado primero de diciembre.

En medios y redes, ciudadanos y agrupaciones, aprovechan el viaje para equiparar (one more time) al propio LÓPEZ OBRADOR con MADURO, con su fallecido antecesor HUGO CHÁVEZ y todos los liderazgos de izquierda que les vengan a la memoria, LULA, DILMA, EVO, DANIEL, OLLANTA, NESTOR, CRISTINA y hasta los hermanos CASTRO.

ERROR DE ENFOQUE

Sin embargo, necesario es decir que la polémica es tan ociosa como inútil, además de errática en su exposición. El planteamiento mismo está mal hecho, peca de supina ignorancia.

Por principio, no es MADURO un “invitado de AMLO”. Esto es una barrabasada, si recordamos que el tabasqueño solo gozará de autoridad para convocar a sus colegas del mundo cuando tenga mando (en una semanita más).

En sentido estricto, la invitación fue girada por la administración de ENRIQUE PEÑA NIETO quien (aunque no lo parezca) todavía gobierna.

Para decirlo con mayor propiedad, constituye una tradición ancestral, práctica regular, rutinaria, del Estado mexicano, en ocasión del cambio de poderes.

Y, ojo, la cortesía se formula y extiende en automático, a todos los jefes políticos de los 193 países con los que México sostiene vínculos diplomáticos, entre embajadas, consulados, misiones permanentes y oficinas de enlace.

Se trata de una lista regular donde (¡por favor!) no caben palomeos ni exclusiones, por mal o bien que gobiernen los interfectos, sin importar la forma como se adjudicaron el poder, por elección o golpe de estado, herencia partidista o linaje de sangre.

Importa subrayar que además se trata de visitas rápidas, unas cuantas horas, sin mayor trascendencia o trámite que el saludo al nuevo mandatario mexicano y punto.

En todo caso, si lo que se busca es trazar un deslinde con los dictadores del mundo, esto debe manejarse con antelación suficiente, desde la más alta tribuna (las cámaras y, particularmente, el senado) para replantear de manera clara, explícita, concisa, con qué naciones queremos tener relaciones diplomáticas, con cuáles no y en base a qué criterios.

FILTRO IMPOSIBLE

Solo que si México decidiera romper (por citar un ejemplo) con Venezuela por sus consabidos modales antidemocráticos, resulta que hay, al menos, una treintena de naciones en condiciones similares (o incluso peores).

Es decir, si la condición para sostener relaciones fuera que dichos países tuvieran gobiernos emanados del voto popular (en elecciones libres, competidas y creíbles) no cabrían aquí Corea del Norte, ni China, ni Cuba, cuyos sistemas de partido único han operado sin interrupción por más de 60 años (desde 1948, 1949 y 1959, respectivamente).
O si la regla fuera excluir a los jefes de estado represivos, la lista es interminable, además de variada.

Empezando por el mundo árabe donde reyezuelos y sátrapas sanguinarios (tanto o más que MADURO) son el pan de cada día en naciones como Arabia Saudita, Jordania, Afganistán, Siria, Argelia, Libia, Yemen, Quatar, Brunéi y tantos más.

Si del África negra hablamos, hambrunas iguales o más graves a la que hoy registra Venezuela se observan en el Congo, Uganda, Ruanda, Camerún o Etiopía, a causa de gobiernos ladrones y entreguistas.

Y si dirigimos nuestra mirada al extremo oriente, tendríamos que mencionar (amén de la ya referida Corea del Norte) la notable ausencia de libertades que caracteriza a Camboya, Tailandia, Laos, Myanmar o Vietnam.

Pero, observe usted el disparate. Entre el coro de voces que hoy exigen retirar la invitación a NICOLÁS MADURO se encuentren los expresidentes VICENTE FOX y FELIPE CALDERÓN.

Cuestión de recordar que en sus respectivas tomas de protesta (2000 y 2006) jamás excluyeron a ninguno de los tiranos, autócratas o déspotas del planeta. Tan abundantes, por cierto, en aquellos años como ahora.

La polémica es absurda. Ni CALDERÓN ni FOX tienen, pues, autoridad moral, intelectual, profesional, política, para protestar. Como las putas viejas, aprontan consejo cuando ya no pueden dar ejemplo.

Autor: Carlos López Arriaga/Opinión
Publicado el Lunes 26 Noviembre 2018 / 07:03 hrs