"Mi violador publicó el video del ataque sexual en un sitio porno"


La llevaron a una casa al otro lado del pueblo y la violaron durante 12 horas, mientras que un tercero filmaba partes del asalto.

BBC
Internacional (Lunes 10 Febrero 2020).- La enfermera se detuvo antes de salir del cuarto de hospital en el que estaba Rose y se dio la vuelta para mirarla de frente.

"Siento que esto te haya ocurrido", murmuró con voz trémula. "A mi hija también la violaron".


Rose miró a la enfermera. No podía tener más de 40 años, pensó.

Le recordó la mañana después de su asalto, las conversaciones con un impasible policía y el médico. Todos hablaban de "supuesto" al referirse al violento y largo ataque que duró toda la noche, y que Rose había descrito. Con la excepción de su padre y abuela, la mayoría de sus parientes tampoco creían lo que contaba.

Con la enfermera sucedió algo diferente. "Ella me creyó", afirma Rose.

Fue una pequeña llama de esperanza, alguien que reconocía y aceptaba lo que le había sucedido. La atravesó una ola de alivio, que la hizo sentir como si fuera el comienzo de su recuperación.

Pero, pronto, cientos de miles de personas estarían viendo la violación ellas mismas y de esos espectadores no recibiría compasión alguna.

Una década después, Rose Kalemba está frente al espejo del baño cepillando su largo pelo negro que le llega hasta los muslos, enroscando las puntas con sus dedos para formar bucles naturales. Eso no hubiera sido posible en los meses después de su ataque. Tuvo que cubrir todos los espejos en su casa porque no podía soportar la imagen de su propio reflejo.

Ahora tiene 25 años y ha organizado rutinas de ayuda personal en su vida diaria.

Cuidar de su pelo es una de ellas. Peinarlo toma tiempo y esfuerzo, es casi un acto de meditación. Ella sabe que tiene una cabellera hermosa, la gente se lo señala todo el tiempo. Todas las mañanas, también se prepara una taza de chocolate con cacao puro, que cree que tiene propiedades curativas, y escribe sus metas en un diario.

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"Soy una excelente conductora", es una de las metas. "Estoy felizmente casada con Robert", es otro. "Soy una gran madre".

Al sentarse a conversar, Rose echa su pelo sobre los hombros, le cubre casi todo el cuerpo, es su propia armadura.

Como fue criada en una pequeña localidad de Ohio, Estados Unidos, no era inusual que Rose saliera a caminar sola antes de la hora de dormir.

Le despejaba la mente, disfrutaba del aire fresco y de la paz. Así que esa noche de verano, en 2009, empezó como muchas otras para la Rose de 14 años.

Pero un hombre apareció de entre las sombras. Amenazándola con un cuchillo la forzó a entrar a un automóvil. En el asiento de pasajero había un segundo hombre, de unos 19 años, lo había visto antes.

La llevaron a una casa al otro lado del pueblo y la violaron durante 12 horas, mientras que un tercero filmaba partes del asalto.

Rose estaba en shock, apenas podía respirar. La habían golpeado y acuchillado en la pierna izquierda, sus ropas estaban ensangrentadas. A ratos perdía el conocimiento.

En un momento dado, uno de los hombres sacó una computadora portátil para mostrarle a Rose los ataques a otras mujeres. "Soy de la etnia naciones originarias", le dice en referencia a pueblos autóctonos de Norteamérica, dice.

"Los atacantes eran blancos y la estructura de poder era clara. Algunas de las víctimas eran blancas pero muchas eran mujeres de color".

Después, los hombres amenazaron con matarla. Tratando de recuperar todos sus sentidos, Rose empezó a conversarles. Si la dejaban libre, no revelaría sus identidades, les aseguró. Nada les pasaría, nadie se enteraría.

La metieron de vuelta al auto y los hombres la botaron en una calle como a media hora de camino de su casa.

Al entrar por la puerta, vio su reflejo en el espejo del corredor. Una cortada en la frente emanaba sangre.

Su padre, Ron, y unos miembros de la familia estaban en la sala a punto de almorzar. Con la herida de chuchillo todavía sangrando, les explicó lo que le había ocurrido.

"Mi padre llamó a la policía, inmediatamente me reconfortó, pero los otros dijeron que me lo había buscado por salir a caminar tarde en la noche", cuenta Rose.

En la sala de urgencias, Rose fue recibida por un médico y un policía.

"Ambos me trataron de una manera muy indiferente", añade. "No había amabilidad, no había calidez".

El policía le preguntó si esto se había iniciado de manera consensual. Si fue una noche que salió de control, se preguntó.

Rose quedó estupefacta.

"Ahí estaba desfigurada a golpes. Acuchillada y sangrando...".

Rose les aseguró que no, no había habido consentimiento. Y, todavía trastornada por lo que le había pasado, dijo que no sabía quiénes la habían atacado. La policía no tenía pistas para iniciar una investigación.

Cuando Rose fue dada de alta, al día siguiente, intentó suicidarse, incapaz de imaginarse con una vida normal. Su hermano la descubrió a tiempo.

Unos meses después, Rose estaba navegando la rede social MySpace cuando encontró a varias personas de su escuela compartiendo un vínculo. Estaba etiquetada. Al hacer clic fue llevada al sito de videos pornográficos compartidos Pornhub. Se sintió nauseabunda al ver varios videos del ataque al que la sometieron.

"Los títulos de los videos eran 'adolescente llorando y abofeteada', 'adolescente destruida', 'adolescente desmayada'. Uno había sido visto más de 400.000 veces", recuerda Rose.

"Los peores videos eran en los que estaba desmayada. Viendo cómo me atacaban cuando ni siquiera estaba consciente fue lo peor".

Tomó la decisión instantánea de no contarle a su familia sobre los videos, de todas formas, la mayoría de ellos no la había apoyado. Contarles no hubiera logrado nada.

En pocos días quedó en evidencia que la mayoría de sus compañeros de escuela habían visto los videos.

"Me atormentaron", dice. "La gente me decía que me lo merecía. Que yo los provocaba. Que yo era una puta".

Algunos chicos contaron que sus padres les habían aconsejado que no se acercaran a ella, en caso de que los sedujera y luego acusara de violación.

"A la gente le queda más fácil acusar a la víctima", señala.

Rose dice que se comunicó por correo electrónico con Pornhub varias veces durante seis meses, en 2009, para pedir que retiraran los videos.

"Le rogué a Pornhub en los emails. Les imploré. Escribí, 'Por favor, soy una menor, esto fue un asalto, por favor retírenlo'".

No recibió una respuesta y los videos se mantuvieron activos.

"El siguiente año me ensimismé. Me separé del mundo", recuerda. "No sentía nada. Anestesiada. Me retraje".

Se imaginaba que cada extraño con el que hacía contacto visual habría visto los videos.

"¿Se habrían excitado? ¿Se habrían gratificado con mi violación?".

No soportaba verse a sí misma. Por eso cubrió todos los espejos de la casa con mantas. Se cepillaba los dientes y bañaba a oscuras, pensando a todas horas en quién estaría viendo los videos.

Entonces, se le ocurrió una idea.

Estableció una nueva dirección electrónica haciéndose pasar por un abogado y les envió a Pornhub un email advirtiendo que los demandaría.

"En menos de 48 horas los videos desaparecieron".

Meses después, Rose empezó a recibir terapia, finalmente revelando la identidad de sus atacantes a la psicóloga que, por ley, debía reportarlos a la policía.

Pero no le contó a su familia ni a la policía sobre los videos.


Los abogados de los atacantes arguyeron que Rose había dado su consentimiento a tener sexo y los hombres no fueron encontrados culpables de violación, sino de "contribución a la delincuencia de una menor" -un crimen menor- y recibieron sentencias suspendidas.

Rose y su familia no tenían la energía ni los recursos para demandar por una sentencia más severa.

Hora de publicación: 16:22 hrs