COVID: evitar la recaída

Carlos López Arriaga
Opinión (Domingo 3 Mayo 2020).- Mayo sería el mes del pico más alto en la curva de contagios, nos dicen (con más voluntad que certeza) las autoridades federales.

Después de ello, el gobierno de México se estará preparando para reactivar la vida pública, con el pretexto de “no romper las cadenas productivas” que nuestra economía tiene establecidas en el vecindario norteamericano.

No necesitamos ser expertos para poner en duda tales expectativas. Tampoco sabemos de epidemiología pero conocemos ese viejo hábito de empoderados y poderosos que los lleva a tergiversar la verdad y adulterar estadísticas por conveniencia propia.

Ahora mismo, el discurso obradorista está plagado de frases que inducen a un optimismo peligroso. Ya falta poco, vamos a vencer, ya domamos a la enfermedad, pronto saldremos a darnos de abrazos.

Ello, mire usted, cuando la curva muy apenas se encuentra en su etapa de ascenso y ni siquiera hemos llegado al punto más alto, desconocido todavía, dada la ausencia fatal de pruebas.

Y esta es una estadística que debemos repetir, machaconamente, una y otra vez, porque será útil y muy necesaria para el deslinde general de responsabilidades al final de la pandemia o, por lo menos, al final del año. Lo que ocurra primero.

El número de pruebas en cada país, expresado en relación porcentual con el total de habitantes. En este esfuerzo de carácter institucional, México ocupa un lugar ingrato.

Según conteos de la prensa internacional Islandia estaría practicando 143,900 pruebas por millón; Israel, 42,100; Alemania, 30,400; Portugal 38,800; Rusia, 25,300; Estados Unidos, 19,300; Noruega, 17,000; Reino Unido, 11,100; Corea del Sur, 8,000; Brasil 1,500 y México, 635 (al parejo de Bangladesh, aclara uno de los reportes).

Números más, números menos, acaso puedan variar (en efecto) de una fuente informativa a otra, pero la proporción es suficiente para ilustrar el descuido mexicano al respecto. Una verdadera tragedia.

JACTANCIA OFICIAL

Lo curioso es que en países gobernados bajo una cerrazón semejante (Estados Unidos, con DONALD TRUMP, caro ejemplo) se vanaglorien de estar haciendo lo mejor.
Frente al estupor de sus lectores, TRUMP escribió en su cuenta de #Twitter a finales de abril pasado:

-“ The only reason the U.S. has reported one million cases of coronavirus is that our testing is sooo much better than any other country in the world. Other countries are way behind us in testing, and therefore show far fewer cases.”

(-"La única razón por la que Estados Unidos ha reportado un millón de casos de coronavirus es que nuestras pruebas son mucho mejores que cualquier otro país del mundo. Otros países están muy por detrás de nosotros en las pruebas y, por lo tanto, muestran muchos menos casos.”)

Afirmación, como todas las de su tipo, desmentida de inmediato en la misma red social, donde la gente manifiesta de manera inequívoca su indignación.

Y no es para menos, ante un presidente que (1) no creyó inicialmente en la amenaza, (2) perdió tiempo valioso, se tardó dos meses en reaccionar, (3) aconseja curas “patito” como la inyección intravenosa o la ingestión del desinfectante #LYSOL y (4) ahora intenta reabrir de manera prematura la economía, porque así conviene al gran capital y también a sus propósitos electorales.

¿Así o peor?, o lo que es lo mismo, ¿dónde hemos visto esto antes?...

Al respecto, importa recordar que aún países disciplinados como Japón y Corea del Sur (con gobiernos eficaces, congruentes, sensatos) han tenido que enfrentar brotes nuevos de COVID, luego de haber instrumentado cierta apertura de la vida pública, tras lograr el anhelado achatamiento de la curva.

MORALEJA INCLUIDA

Experiencia que los mexicanos debemos asimilar de la mejor manera posible, hoy que el gobierno obradorista parece tener razones para emprender, antes de tiempo, el camino de retorno.

Entre ellas, la presión del gobierno estadounidense, para el cuál la integridad de las cadenas productivas es más importante que la salud pública.

Y también porque la supervivencia política de TRUMP y AMLO se empatan en apremios. El primero busca su reelección el próximo noviembre, el segundo, quiera salir airoso del megaproceso intermedio de 2021.

Vale la pena insistir: por importantes que sean ambas votaciones, la salud de mexicanos y estadounidenses debiera ser prioridad número uno, de manera indiscutible.

Acaso la única diferencia entre ambos es que, ante la secuela de envenenamientos con #LYSOL registrados en la Unión Americana, TRUMP ya reculó y dijo que se trataba de una broma, chistorete tóxico, causante de daño y muertes, pero broma al fin.

Del mandatario mexicano, en cambio, no hemos visto que revierta aquel penoso episodio de amuletos y talismanes que protagonizó en su mañanera del pasado 18 de marzo. Ligado esto al presunto efecto inmunológico de su traída y llevada honestidad.

Mire usted que, pese a ello, no solamente dio positivo la secretaria de la Función Pública IRMA ERÉNDIRA SANDOVAL sino, más recientemente, el titular de Profeco RICARDO SHEFFIELD, acompañante periódico de AMLO en sus conferencias matutinas.

No funcionó el trébol de cuatro hojas, ni tampoco el billete de dos dólares, ni el fetiche aquel del “detente enemigo”, tan publicitados desde Palacio Nacional.

Lo que en verdad funcionan son las pruebas, pero ANDRÉS MANUEL no quiere gastar un cinco del dinero previamente etiquetado en sus caprichos.

Coincidencia rara, al norte y sur del río Bravo observamos hoy un fenómeno similar. Ante la sinrazón presidencial (la seudociencia de TRUMP y las supercherías de AMLO) otros actores ocupan esos vacíos.

Son los gobernadores quienes toman la delantera, apoyados por asociaciones civiles y vecinales, gremios, sindicatos, cúpulas empresariales, congregaciones religiosas y medios de comunicación.

A todos estos grupos y sectores corresponderá ahora oponerse a la reactivación precoz de la vida económica que pretenden los dos mandatarios por razones totalmente ajenas al bienestar general. Evitar el infierno de una recaída.

Hora de publicación: 21:36 hrs